viernes, 22 de mayo de 2015

Italia. Carta de Lucio. Trasladado los compañeros Lucio, Francesco y Graziano desde Ferrara hasta Vallette para enfrentar el juicio contra acciones contra el TAV.


Lunes 20 de abril nos trasladaron a las Vallette. Partimos de Ferrara a las 9, los tres al completo enjaulados en el mismo blindado y con la acostumbrada escolta. No faltó la escenita de la meada en estación de servicio con las metralletas en ristre, no fuese que el compañero Camogli intentase un golpe de mano. Llegamos a Turín pasadas cinco horas y empleamos otras cuatro efectuando los trámites de los recién llegados: registros varios, formularios, foto, visita médica y un montón de espera.
Por la actitud de los guardias quedó enseguida claro que nuestra presencia es un fastidioso inconveniente no solo logísticamente y la “antipatía” hacia nosotros era palpable.
Subidos al módulo ya hacia las 19h encontramos un nutrido comité de recepción que, sin responder a ninguna de nuestras preguntas sobre las evidentes rarezas de la sección, nos encerraron en tres celdas contiguas, dos pegadas y una de frente. En pocos minutos nos dimos cuenta de la jugada: nos encontramos en un módulo de protegidos de los que fuimos separados llevándolos a todos hasta las celdas del fondo del pasillo aplastados como sardinas. Entre ellos y nosotros una decena de celdas como “cojín”. El propio estado de nuestras celdas parecía inaceptable: infiltraciones de agua, vidrios rotos, plafones colgantes ¡y sobre todo ausencia de almohadas y de un colchón!
Tras una rápida consulta decidimos poner enseguida en claro cómo estábamos dispuestos a hacernos escuchar. Tras haber gritado que viniese enseguida un oficial, empezamos una ruidosa percusión con patadas a estanterías y ollas. Después de un montón de rato se presentó el inspector con unos guardias diciendo que, tratándose de traslado temporal para el juicio, no habría mejoras. Tener que oír encima que incluso sin colchón estábamos hasta demasiado bien solicitó otra rápida consulta, apenas nos dejaron solos: incrédulos de la cada de mierda desvergonzada de los llaveros, decidimos relanzar. Literalmente. Tiramos por el pasillo bombonas pequeñas de gas usadas, fruta podrida y basura variada hacia la verja de seguridad, con los guardias que intentaban devolverlas a patadas. Siempre con el fondo de cacerolada. Siendo entonces ya evidente que no aflojaríamos a costa de despertar a toda la cárcel, al final llegó el colchón que faltaba. La mañana siguiente también las almohadas y una tele en la celda que no tenía hicieron su mágica aparición.
Día tras día hemos conquistado cada vez más espacio: hemos obtenido dos horas al día de sociabilidad, la posibilidad de ir juntos a las duchas y otras pequeñas cosas como el pertrecho para la limpieza de la celda… ¡que al principio nos fue negado! El patio lo hemos hecho siempre juntos pero estamos tratando de obtener dos horas más. Por lo que parece nos quedamos aquí hasta la sentencia. Mientras tanto los saludos aquí abajo nos han sido una gran mano para estar con la cabeza alta así como oír la voz de los compas en radio Blackout nos hace compañía todos los días.
Las provocaciones de los hombres de azul no faltarán nunca, ¡pero estad bien seguros de que estamos lo bastante fuertes para no dejarnos intimidar y lo bastante locos para devolver cada golpe!
Hasta la próxima, Lucio.

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